Invertir en tierra es rentable, porque la humanidad sigue expandiéndose y la tierra no.

 

La contracción de la economía es inminente, y pocas las industrias que no se vean afectadas.

además, la calificación de la deuda soberana de México se ha reducido, lo cual potencia la mala percepción de posibles inversionistas.

Otro punto relevante es el efecto macroeconómico de la caída en producción. Debido a la naturaleza de la pandemia, la información disponible contempla el efecto ocasionado por el confinamiento y reducción en la producción.

Ante esta situación, es complicado elegir en qué se debe de invertir en estos momentos. En principio, invertir en bolsa es muy arriesgado y requiere de mucho conocimiento técnico; los conocimientos y supuestos de cómo se comporta el mercado, difícilmente se sostienen en una contingencia.

Por otro lado, los bonos e instrumentos de deuda que emiten los países continuarán con una tendencia a la baja en sus tasas de interés, ya que los bancos centrales buscan proteger el valor de sus respectivas divisas e incentivar el consumo.

Ante esto, la alternativa más sólida parte de invertir en tierra, propiamente en todo aquello que se respalde en la industria de los bienes raíces (con mecanismos tradicionales y no tradicionales), a la cual históricamente los inversionistas han recurrido en tiempos de inestabilidad en los mercados, debido al mecanismo de la plusvalía; de hecho, tal ha sido el repunte y apreciación de la industria (con todas sus variantes en cuanto a modelos y mecanismos de inversión), que regiones clave en el rubro, como lo es el Estado de Nueva York, le han reclasificado como “un negocio esencial” para la economía local (esto según la New York State Association of Realtors, en abril del 2020).

¿Por qué se dice que invertir en tierra (bienes raíces) es rentable?

Desde un punto de vista económico podemos explicar el aumento constante en los precios de los bienes inmuebles (la tierra per se), como un aumento de la demanda por un espacio físico; éste es finito y por ende entre más personas deseen vivir en una zona específica el valor de ésta tiende a aumentar.
Y ya que la tierra no crece, pero la población sí, la tendencia natural es que cada metro cuadrado se encarezca; simplemente, para el año 2030 nuestro país será el noveno con mayor número de pobladores (según el IGg) – por ende, el desarrollo inmobiliario y la inversión en bienes raíces no sólo se convierte en una gran oportunidad, sino inclusive en un mecanismo de desarrollo social ante el crecimiento poblacional.
Esperaremos, naturalmente, que los estragos económicos, sociales y de salud de este inicio de década comiencen a desaparecer, pero eso es algo que demandará paciencia y disciplina a más de uno.

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